MANOLETE COMO MITO DEL TOREO: LEYENDA Y TOROS.















Cuando este artículo de la revista "Tercio de Quites" pueda ser leído por el aficionado, habrá transcurrido cincuenta años y un mes de la muerte de "Manolete". Si bien "Islero" truncó la vida del "Monstruo" cordobés, ayudó sin embargo a que el mito que era ya cuando toreaba se elevara a la categoría de leyenda del toreo. Su figura y recuerdo entró a formar parte junto a los "Califas" toreros cordobeses, nombrándole los aficionados como IV Califa (sus antecesores fueron por este orden: Rafael Molina "Lagartijo", Rafael Guerra "Guerrita" y Rafael González "Machaquito"). Anécdota sobre este apelativo es que Manolete en su comienzos -1.933- toreó en la parte seria de un espectáculo cómico-musical de la época denominado "Los Califas". 















Su personalidad, torería, sobriedad y modo de lidiar a los toros, unido a la cogida mortal en el ruedo y la ganadería a que pertenecía el autor de la cornada, fabricaron el resto de la leyenda que hasta hoy, después de cincuenta años, nos ha llegado como si hubiera ocurrido el fatal desenlace hace pocas temporadas. Por esta y otras razones más, Manolete se ha impuesto en el tiempo a muchos toreros, coetáneos y los que le sucedieron; con las conocidas excepciones. También fomentó la leyenda que su toreo no fuera copiado con éxito por otros matadores y los que lo intentaron o intentan, no encuentren en éste la proyección y transmisión al público que tuvo su inventor y máximo intérprete. Leyenda más notoria aún, si cabe, por que no se encontró otra con tal intensidad y duración para otros mitos del toreo, como ocurrió con Joselito "el Gallo", aunque muriera más dramáticamente en el albero de Talavera. Pero no es en estas páginas donde se debe ensalzar más la trascendencia del toreo de Manolete o la personalidad compleja e intimista que lo catapultó a la fama. Son muchos y extensos los libros, biografías y semblanzas que de él se han escrito, los que recomiendo para aquellos que no hayan tenido la oportunidad de sorprenderse con la vida de un torero y de un mito todavía vivo y por mucho tiempo aún. Añadiremos, junto a biógrafos y escritores que lo eligieron como tema de su obra, que Manolete encontró su destino en Linares y al mismo tiempo, su muerte, gloria y eternidad. Mucho bagaje incluso para un torero.

Pero también quiero referirme a los toros que toreó. Cómo eran y la situación de algunas ganaderías que lidió. Con ello, nos apartaremos de la temática que predomina en los numerosos actos que en Córdoba y otros lugares se están celebrando con motivo del cincuenta aniversario de su tragedia.

En primer lugar, diremos que con Manolete se afianzó la creación de un toro "más toreable" o que se prestase al lucimiento, aunque en verdad ya en esos años cuarenta se apreciara cierta dulcificación -según los cronistas- del comportamiento y embestidas del toro. El público después de ver al "monstruo" no se acostumbró a otro tipo de lidia que no fuera la artística y estética, inclinándose a premiar especialmente las faenas hondas. Es significativo que el crítico taurino "Don Tancredo" hiciera en sus crónicas hincapié en las facetas estilistas, destacando la armoniosidad de su alta e impasible figura con la redondez de verónicas y muletazos. Como José Luis de Córdoba hace, destacamos pues la rotunda imposición del estilismo y arte, ante el toreo dominador de grandes diestros que le precedieron, como Marcial Lalanda y Domingo Ortega.
Manolete tuvo su primer contacto con el toreo en 1.929, donde ya tuvo el primer percance en un tentadero en la finca de Florentino Sotomayor, de Córdoba, vacada fruto de un cambio que realizó a otro ganadero y que estaba formada por vacas de Bellón y sementales de Adalid y Conradí. Recuérdese que Adalid tenía su ganado en derivación directa de la línea Barbero de Utrera - Nuñez de Prado, es decir puro Vistahermosa y que lo de Conradí, se formó en 1.884 cruzando las primitivas vacas vazqueñas con sementales de Ibarra (puro Vistahermosa y derivado directa e igualmente que la anterior). En éste primer “bautizo de sangre”, contó con la ayuda inestimable de Marcial Lalanda, quien lo llevaría en su coche hasta Córdoba para ser curado.
Su primera actuación formal fue en en el año 1.931, alternando con un primo suyo y con la novillera Juanita Cruz -véase ya que en esos tiempos la mujer quería estar presente en los ruedos-, con ganado parladeño de Gamero Cívico -ganadero antecesor de los "samueles"-.
La alternativa la recibió en Sevilla, el 2 de Julio de 1.939, pocos meses después de haber finalizado nuestra guerra civil, siendo el ganado de Clemente Tassara. Ganado que fue también predilección posteriormente de otro consagrado del toreo, Antonio Ordóñez. Esta vacada procedía de uno de los lotes que dejó Luis Gamero Cívico, y del que adquirió también el maestro Domingo Ortega. Como apreciamos, le gustaba a Manolete este toro parladeño que logró Gamero Cívico.
Otro de los encastes que toreó Manolete en España fue el de Antonio Pérez de San Fernando. Y digo encaste por considerar que dada su derivación pura de Murube, con sementales y hembras de las líneas Parladé-Tamarón y Parladé-Gamero Cívico, su continuada crianza en estas líneas y las características propias incluso en capas, consolidaron uno de los encastes que más ayudaron al toreo de hoy. De su antecesor el portugués Luis da Gama (quien adquirió un lote directamente del sevillano Joaquin Murube), Antonio Pérez-Tabernero y Sanchón adquiere esta ganadería en 1.911 en sus momentos bajos, dándola el nombre que conocemos hoy por anunciarse en los carteles seguido del lugar de donde radicaba su ganadería. Este fue el ganado que se lidió en la confirmación de alternativa de Manolete en Madrid, en octubre de ese mismo año de 1.939, recibiéndola de mano de quien le llevó hasta el médico en su primera cogida, Marcial Lalanda. En dicha confirmación, abrió plaza como caballero jinete lidiando en rejones un novillo el inventor del toreo moderno: Juan Belmonte.
Su faena más importante, según casi todos los críticos, la realiza en las Ventas el 6 de julio de 1.944 ante un sobrero de Pinto Barreiros (encaste portugués originario de santacolomas y parladés de Gamero Cívico y Conde de la Corte), faena apoteósica que presenció el público madrileño y señalada como modelo de temple y saber mandar ante la cara de los toros. Su juego de muñeca, citar con la muleta retrasada pero a la distancia justa para "pasarse el toro por la barriga" en la embestida, confirió a esta faena y su toreo en general, un añadido tal de emoción, peligro, arte y belleza, que le encumbraría en vida y multiplicaría el recuerdo para su leyenda. En esta excepcional faena del verano madrileño del 44 alternaba con otros consagrados como con Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida con posterioridad.


Cuando leemos que fue también un estoqueador colosal o magnífico, no podemos por menos que acordarnos de la tarde del 28 de Agosto en Linares. Los que lo vivieron y críticos presentes cuentan de aquel momento de la suerte suprema ante Islero que fue eterna, entró despacio y clavando en lo alto con fuerza. Quizá no con tanta como la cornada que le devolvió Islero desgarrándole la pierna, las entrañas y la vida. A las cinco y siete de la mañana del día siguiente comenzó su leyenda, mientras Lupe, la mujer que quería de veras, por la que también estaba resuelto a dejar los toros, lloraba y se desvanecía a las puertas de la sala del Hospital de Linares.


En esta leyenda está escrito que Mario Cabré, el polifacético torero, le dedicó un poema a Doña Angustias, hija, esposa por dos veces de toreros y madre del Monstruo. Su recuerdo transcendía a los aficionados para tener también recompensa en sus compañeros.
Los poetas y escritores de la época como Agustín de Foxá, Adriano del Valle y otros en vida de Manolete, prodigaron su ingenio para ensalzar su figura y toreo. Apreciaba este tipo de reconocimientos que no solía esquivar, aunque expresara "¡Ahora si que me encuentro ante un toro difícil!".
Destacaron unos y otros su valentía. Una vez dijo "la suerte que más me gusta es la de las mulillas, por que es la señal de que pasó el peligro". Al final, para los más románticos quedará una frase que le confesó a su amigo y adversario en el ruedo Carlos Arruza, mientras se recuperaba de una cornada en el sanatorio: "¿Que por qué me retiro siendo joven todavía? Es muy sencillo: por el hambre que tengo ya de vivir la vida..."
Algo me dice que entre los aficionados continuará la leyenda de Manolete posiblemente otros cincuenta años, como si fuera ayer...